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Parque Melgar


                                                                                                                   

El Parque Melgar


 Parque Melgar 1928


Lleva el nombre del poeta arequipeño Mariano Melgar, fusilado después de la batalla de Umachiri en 1815. Con el paso del tiempo, se convirtió en un personaje emblemático para Arequipa.


frente a la antigua estación del ferrocarril queda el parque Melgar, en homenaje al poeta arequipeño que murió fusilado en el campo de Umachiri, en 1815, luego de participar en la batalla del mismo nombre, al lado de Pumacahua, en calidad de auditor de guerra. Estudió en el Seminario de San Jerónimo, en la época que el obispo Chávez de la Rosa realizó una importante reforma en el plan de estudios del Colegio Seminario. Su precocidad hizo que al mismo tiempo fuera profesor y alumno. Sin embargo, no optó por la carrera eclesiástica que era el deseo de su padre.

La figura de Melgar está relacionada con el yaraví y su participación en la lucha emancipadora peruana. Su historia personal y el tipo de género que cultivó lo ubican en la literatura romántica. No solo fue un poeta enamorado sino también una persona comprometida con la realidad y el entorno que le tocó vivir. Equivocadamente se piensa que abrazó la causa patriota como respuesta a un amor despechado. Por el contrario, paralelamente a su actividad literaria estuvo comprometido con las ideas insurrectas en aquel momento. Su presencia en la rebelión de 1814 fue consecuencia de reuniones previas, con otros criollos como él, que compartieron el mismo ideario de lucha.

A comienzos del si-lo XIX, los movimientos criollos en hispanoamérica se plantearon la búsqueda de un sistema alternativo al colonial. La postergación de que eran objeto hizo que buscaran igualdad de condiciones y trato con los españoles. Esto hizo que años antes, cuando se produjo la convocatoria de diputados a las Cortes de Cádiz, los criollos encontraran en aquella coyuntura política la oportunidad de lograr sus reivindicaciones sociales.


La sociedad colonial fue marcadamente jerarquizada. Los cargos públicos, después de las reformas borbónicas en el siglo XVIII, estuvieron reservados a los peninsulares en desmedro de los criollos americanos. La carta a los españoles americanos del precursor Juan Pablo Viscardo y Guzmán denuncia esta situación, contraria a los intereses de los propios hijos del país. Esto llevó a los criollos americanos a reflexionar sobre el mejor derecho que ellos tenían con relación a los españoles para dirigir los destinos de un país que consideraban suyo.




La creación de la Sociedad Amantes del País anunciaba el despertar de una nueva conciencia ciudadana. Igualmente, el surgimiento de la idea de patria convirtió a los criollos americanos en protagonistas de su propia historia. Cierto que no todos participaron de las mismas ideas. En realidad, los historiadores coinciden en señalar que las ideas libertarias en el Perú estuvieron representadas por un grupo minoritario de abogados y sacerdotes ilustrados. Uno de ellos fue Mariano Melgar, joven intelectual arequipeño que en su época formó parte de la tertulia literaria de Arequipa, junto a José María Corbacho y Mariano José de Arce. Allí, recuerda Gustavo Baca Corzo, no solo compartían su afición literaria sino que también conspiraban. Esto hizo que estuvieran bajo vigilancia de la autoridad colonial.


La Constitución de Cádiz de 1812 equiparó en igualdad de condiciones a los criollos americanos con los españoles peninsulares. Sin embargo, restablecido en el trono el rey Fernando VII, dicha Constitución fue derogada, de manera que cualquier expectativa entorno a ella acabó abruptamente.


Se puede afirmar que, durante el periodo de la ocupación napoleónica de España, entre los criollos peruanos se anidó la esperanza de un cambio. Incluso la elección de José Baquíjano y Carrillo, como consejero de Estado, fue motivo de celebración en Arequipa y otros lugares del virreinato. Lo mismo sucedió con la juramentación de la Constitución doceañista que fue de corte liberal. Sin embargo, el restablecimiento del régimen anterior, en España, significó un retroceso para los criollos y sus ideales reformistas. No había otra posibilidad que pensar en un sistema alternativo al colonial, como afirma la historiadora Scarlet   O'phelan.

Fue en este contexto que Melgar se sumó a las huestes de Pumacahua en Arequipa, luego que estalló el movimiento rebelde en el Cusco, en 1814. La suya, por cierto, no fue una actitud improvisada, fruto de las circunstancias del momento. Desde mucho antes había demostrado simpatía por la causa patriota, participando primero en la tertulia literaria de Arequipa y, después, componiendo fábulas con contenido político y social.

Estuardo Núñez Hague en el texto titulado "Un manuscrito autógrafo y desconocido de Mariano Melgar" comenta algunas de esas fábulas, como por ejemplo, "Los gatos" y "El Murciélago" con alusión a patriotas y tiranos, "El cantero y el asno" con su admonición de que "Dios sólo puede mandar del uno al otro polo", y "El asno cornudo" con la afirmación de que "Dios ha dado al pueblo voto y fuerza".


Se le atribuye también una "Marcha patriótica" que habría sido escrita con motivo del ingreso de las tropas de Pumacahua a la ciudad de Arequipa. Una estrofa dijo lo siguiente:



Ya llegó el dulce momento
En que es feliz Arequipa,
Ya mi suelo se disipa
El Despotismo feroz:

Y agregó:

Ya se puede a boca llena Gritar: 
que la Patria viva, 
Que la libertad reciba 
Que triunfe nuestra Nación.


En ambas estrofas hay varios conceptos que hicieron dudar la autoría de Melgar. Sin embargo, la idea de patria como el lugar donde se ha nacido, en un sentido de pertenencia con el territorio nacional, fue concebida en el siglo XVIII. La nación, por su parte, comprende al colectivo de personas que forman parte del territorio. Resume, en cierta forma, la conclusión a que llegaron los criollos luego de reconocerse como una sociedad diferente a la española, con sus valores y patrones culturales, qué duda cabe, pero de una naturaleza distinta, fruto del sincretismo cultural entre ambos pueblos: el español y el inca.

Melgar cayó prisionero y, en 1815, fue fusilado por los realistas. Sus restos hasta la fecha siguen siendo un misterio. Aunque se sabe que fueron trasladados de Umachiri al cementerio de La Apacheta, cuando éste fue inaugurado por el prefecto Salas en 1833. En aquella oportunidad, pronunciaron emotivos discursos los doctores Manuel Amat y León y el Deán Juan Gualberto Valdivia.


Con motivo del centenario de su nacimiento, en 1890, los descendientes del poeta organizaron varias actividades con el apoyo del Municipio Provincial, entonces a cargo de Diego Masías y Calle. Uno de esos homenajes fue la debelación del busto de Melgar en la plaza mayor de la ciudad. Así como también la publicación de una antología de sus obras, realizada por su sobrino José Moscoso Melgar.


Cabe precisar que, por un error familiar, se pensaba que Melgar nació el año de 1791. Al punto que los homenajes organizados en su honor, con motivo del centenario de su nacimiento, se realizaron en 1891. El posterior hallazgo de su partida de nacimiento vino a aclarar la inicial confusión, estableciéndose que nació en 1790.


Fue a partir de 1890, por citar una fecha, que Melgar se convirtió en una figura emblemática para los arequipeños. Después de la guerra del Pacífico, el tema identitario cobró inusitada importancia. Hubo entonces la necesidad de buscar elementos comunes que le permita a sí mismo reconocerse como un pueblo rebelde y combativo. En el caso de Arequipa, su historia reciente así lo demostraba. En ese contexto, la figura de Melgar viene a resumir los rasgos característicos del nuevo arequipeño, por un lado, el poeta romántico, y, por otro lado, el guerrero que luchó por los ideales de libertad y justicia.
Su busto luego será trasladado, por breve tiempo, a la plaza Bolognesi, hoy parque Duhamel, hasta contar con un monumento propio en el parque que hoy lleva su nombre.


FUENTES:
Scarlett O'PHELAN GODOY (Compiladora). La independencia del Perú.
De los Barbones a Bolívar. PUCP / Instituto Riva - Agüero. Lima 2001.
Gustavo BACA CORZO. José María Corbacho. Colección Hombres que
Hicieron el Perú.
Estuardo NÚÑEZ HAGUE. Un manuscrito autógrafo y desconocido de
Mariano Melgar. En revista "Fénix", órgano de la Biblioteca Nacional del Perú.