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Portales de la plaza de Armas






Portal de La Municipalidad

Producida la fundación española de Arequipa el 15 de agosto de 1540, el lugar destinado a la plaza mayor de la ciudad contó con un local para el cabildo, ubicado en el Portal de la Municipalidad. Desde entonces el concejo provincial funcionó allí, adoptando sucesivamente los nombres de cabildo, ayuntamiento y municipio.


En el periodo colonial hubo dos alcaldes encargados de la administración local, durante un año. A partir de 1786, se acordó elegir a los alcaldes por dos años. El de primera votación para el primer año y el otro para el siguiente. Con el advenimiento de la República solo se eligieron un alcalde y un teniente alcalde por el periodo de dos años, aproximadamente. Aunque a veces duraron menos tiempo en el cargo. Eran elegidos por el cuerpo de regidores, práctica que se mantuvo hasta 1920 en que el Poder Ejecutivo se arrogó el derecho de nombrar a los alcaldes en todo el país. En 1963, el presidente Fernando Belaunde Terry restableció la elección democrática de los alcaldes, por elección popular. 

Dentro de este sistema fueron elegidos alcaldes de la ciudad Ulrich Neisser por la Alianza Acción Popular - Democracia Cristiana, en 1963, y Alfredo Corzo Masías por la Alianza APRA - UNO, en 1966. El gobierno militar de 1968 interrumpió la continuidad democrática y con ello el sistema de elección municipal. De vuelta a la democracia en 1980, el segundo gobierno del arquitecto Belaunde restableció la elección popular de los municipios En Arequipa, por primera vez ganó la izquierda con el médico José Villalobos Ampuero.

Sin embargo, no se puede negar el acierto de varios alcaldes nombrados por el Poder Ejecutivo. Ese fue el caso de Alberto Rey de Castro y Julio Ernesto Portugal que ejecutaron importantes obras locales, con motivo del cuarto centenario de Arequipa en 1940.

Desde la fundación española de la ciudad han pasado muchos alcaldes por el local del concejo provincial. La mayoría de ellos hoy olvidados, pese a que jugaron un papel gravitante en el crecimiento urbano de Arequipa.

Uno de los mayores problemas que afrontó la ciudad en su historia fueron los terremotos. Hubo varios y de distinta magnitud. En el siglo XIX, el más gravo ocurrió el 13 de agosto de 1868. Fue de consecuencias devastadoras para la ciudad. La mayoría de sus construcciones de origen colonial cayeron por efecto del terremoto. Era alcalde ese año, Luis Gómez de la Torre, quien socorrió y atendió a las víctimas del sismo.


La plaza principal de Arequipa quedó prácticamente demolida. Hay fotografías de la época que muestran a la ciudad en ruinas. Las torres de la catedral y los portales no fueron la excepción. El proceso de reconstrucción tardó varios años en concretarse.

Los portales de la plaza principal fueron la principal preocupación de las gestiones municipales que siguieron al terremoto. La falta de recursos económicos postergó su reconstrucción hasta 1877. Fue entonces que el alcalde Diego Butrón y Rivero, en ceremonia especial realizada el 28 de julio de ese año, colocó la primera piedra del Portal de Flores. La dirección de la obra estuvo a cargo del ingeniero Augusto Tamayo quien presupuestó la reconstrucción del portal en 48,043 soles 80 centavos.

En su memoria de la administración local, el alcalde Diego Butrón estimó que la obra se pondría en servicio el 28 de julio de 1878, fecha en que también se colocaría la primera piedra del Portal del Cabildo. Antes del terremoto de 1868 los portales eran de sillar, por esa razón, se optó por emplear piedra de granito, siguiendo la recomendación del arquitecto Eduardo de Bragada.

La obra fue financiada por el gobierno nacional y el  concejos departamental y provincial de Arequipa. En la memoria que de su administración ofreció el presidente del Concejo Departamental, Lorenzo Talavera, dijo que la reedificación de los portales se debió a la iniciativa del prefecto Belisario Suárez, a la del alcalde Diego Butrón y a la cooperación que prestó el gobierno. De este modo, se concluyeron los portales de Flores y San Agustín y se demoró el de la municipalidad, como apunta Ramón Gutiérrez, por litigios con los propietarios.

En gratitud a los artífices de monumental obra, se pusieron al frente de la casa municipal, en los portales, los bustos del prefecto Suárez al centro; del alcalde Diego Butrón a la derecha; y a la izquierda el del presidente del Concejo Departamental doctor Lorenzo Talavera.


La guerra del Pacífico cambió dramáticamente la situación del país. El pueblo de Arequipa se puso en pie de guerra, y comenzaron a organizarse batallones de voluntarios para llegado el caso ofrecer resistencia al ejército invasor extranjero. El vecindario de la ciudad contribuyó con sus alhajas para comprar un buque blindado. Las mujeres confeccionaron uniformes para los soldados. Es decir, la población arequipeña mostró disposición para combatir incluso en la ciudad. Actitud que se manifestó en los periódicos de la época: el "Diario de Arequipa" y "El Eco del Misti" que proclamaron la resistencia y la no cesión territorial, en caso de producirse un acuerdo.

Mientras tanto, el gobierno del contralmirante Montero ante la ocupación chilena de Lima, estableció la capital del país en Arequipa. Corría el año de 1883 y Montero todavía estaba dispuesto a combatir en las calles y plazas de la ciudad. Actitud esta compartida por la mayoría de la población. Sin embargo, el Congreso Extraordinario que convocó su gobierno lo autorizó a negociar la paz con Chile sobre la base de la cesión de Tarapacá. Los diputados llamados "guerreros" estuvieron en contra de tal acuerdo. Pero en sesión de Consejo de Ministros, el 3 de octubre de 1883, el ministro de Relaciones Exteriores, Mariano Nicolás Valcárcel, leyó la circular que debía dirigirse al cuerpo diplomático extranjero residente en Lima, anunciándole la buena disposición de su gobierno de avenirse a un arreglo decoroso con el de Chile "cediendo (a éste) parte de su territorio".

Esto quiere decir que por el lado del gobierno había disposición de poner fin a la guerra mediante cesión territorial. Mientras que por el lado del pueblo había voluntad y deseo de librar batalla ante la inminente ocupación chilena de la ciudad. Es evidente que el pueblo arequipeño estuvo al margen de las decisiones políticas tomadas por el gobierno de aquel entonces. Estas diferencias de opinión provocaron una revuelta popular contra el gobierno de Montero y sus seguidores, acusados de traidores por huir abandonando la defensa de la ciudad.

Si bien la mayoría de arequipeños quería luchar, un sector de la élite local y algunos extranjeros vinculados a la actividad comercial temían por las consecuencias de ofrecer resistencia dentro de la ciudad. Así lo manifestaron al alcalde accidental Diego Butrón. La presión hizo que el Municipio Provincial acordara pedir a Montero "procure evitar, en lo absoluto, todo combate, choque o resistencia dentro de esta ciudad". Esto sirvió de pretexto para que Montero abandone Arequipa. Contó para ello con la aprobación de su Consejo de Ministros que, en atención a las razones expuestas por Montero, acordó emprender la retirada del ejército hacia Puno.

Diego Butrón fue juzgado como su cómplice y el pueblo castigó su supuesta traición con la muerte, el 25 de octubre de 1883. Aunque ya para entonces en Lima se había firmado el tratado de Ancón que puso fin a la guerra.


Fue dramático el final de Diego Butrón, el alcalde que en el periodo 1877 - 1878 reconstruyó los portales de la plaza principal de Arequipa.

Mientras tanto, el coronel Belisario Suárez también participó en la guerra del Pacífico. Tuvo una reconocida trayectoria militar que compartió con el ejercicio de la prefectura de Arequipa entre 1875 y 1878. Después llegó a general y a ministro de Estado que desempeñó con el presidente Remigio Morales Bermúdez y en otros gobiernos.

A los portales de la plaza se agregó en 1912 un segundo piso que luego de los terremotos de 1958 y 1960 fueron reconstruidos con solidez antisísmica. La gestión municipal de entonces, a cargo del doctor José García Calderón Bustamante, concibió la segunda planta de los portales como una galería para la circulación de peatones, con acceso por amplias escaleras; diseño que con ciertas variantes estructurales, a raíz de los terremotos posteriores, se mantiene hasta hoy en día.


FUENTES:
Diego BUTRÓN. Memoria de la administración del H. Concejo Provincial de Arequipa, durante el año de 1877. Imprenta de Francisco Ibáñez - calle de Guañamarca N°59.1878.
Ramón GUTIÉRREZ
Armando NIETO VELEZ S. J. Vicisitudes del gobierno provisional de Are-quipa, 1882 - 1883. En: Revista Histórica. Órgano de la Academia Nacional de la Historia. Tomo XXXII. Lima -Perú 1979 - 1980.
Lorenzo TALAVERA. Memorias del presidente e inspectores del H. Concejo Departamental de Arequipa, correspondientes al año de 1878. Are-quipa, imprenta del Concejo Departamental, por Lorenzo Benavides.






Portal de San Agustín



Arequipa tiene pasado, presente y futuro. A cada paso tropezamos con un lugar que fue escenario de un hecho considerado histórico o con relevancia histórica, aunque solo sea de connotación local, pero que al formar parte de nuestro pasado, sirve para reforzar nuestra identidad y conservar la memoria histórica, con la cual construir un mejor porvenir.


La ciudad de Arequipa no ha sido ajena a los cambios urbanísticos y tampoco a las modas en el diseño de sus edificios. Basta revisar fotografías y grabados de distintas épocas para apreciar los cambios arquitectónicos en la ciudad. En los siglos XVIII y XIX la mayoría de sus casas lucían fachadas de estilo colonial. Los terremotos fueron la causa de muchos cambios frente a la necesidad de brindar seguridad a los habitantes. El reemplazo del techo abovedado por el plano así como el uso del riel se hizo para garantizar la resistencia de las viviendas.


El enfoque interpretativo del centro histórico nos debe permitir alcanzar una visión de conjunto de la evolución urbana de la ciudad. La historia de sus calles, plazas y casonas debe complementarse con la experiencia real de conocer cada rincón de la ciudad con sentido arquitectónico, pero también histórico, dentro de un proyecto que integre el estudio de la historia local. Cómo entender, por ejemplo, el significado histórico de una calle o plaza si no lo contextualizamos con el marco teórico en las escuelas. Solo entonces será posible garantizar una mayor conciencia por la conservación del patrimonio histórico de Arequipa. Un viejo dicho popular dice: "No se aprecia lo que no se conoce".
En ese sentido, el Portal de San Agustín no es solo un lugar para el tránsito de las personas, donde se ubican variedad de negocios, es algo más que eso, es historia. Se llama así, porque el local de la Universidad de Arequipa quedaba contiguo al portal que lleva su nombre. Han pasado por allí muchos negocios. Estoy seguro que muchos de nosotros conservan más de un recuerdo. Pero el más conocido de todos que hoy incluso goza de fama internacional, fue el estudio fotográfico de los hermanos Carlos y Miguel Vargas, ubicado en el Portal de San Agustín. Quién de nosotros no conserva en el álbum familiar una fotografía de los hermanos Vargas.


La fotografía llegó al Perú en la década de 1860. Antes solo existió el grabado a carboncillo, como también el retrato a pincel de personas y las acuarelas de paisajes. A partir de entonces la fotografía se impuso con fuerza. En la calle San Francisco se ubicó, por ejemplo, la fotografía Alviña que, en la segunda mitad del siglo XIX, siguió la moda del retrato. En aquella época se acostumbraba intercambiar tarjetas de presentación con la fotografía impresa del remitente. Tenía la forma de un naipe y en él destacaba la fotografía en blanco y negro del personaje.


El registro fotográfico luego se convertirá en una importante fuente histórica. Con ese criterio hoy podemos valorar el trabajo de los hermanos Vargas. Filos trasladaron la cámara del estudio fotográfico a la calle y al campo. Su idea fue hacer fotografía artística de la ciudad. Con exquisita sensibilidad de artistas lograron forjar un nuevo estilo de hacer fotografía, no solo de retratos sino también de vistas y paisajes de la ciudad, los famosos nocturnos. Fueron capaces de retratar en imágenes lo que solo antes lograron plasmar el pincel o el lápiz.


La casualidad hizo que mi familia fuera vecina de los Vargas en la Urbanización del Vallecito. Claro que entonces cuando lo veía a uno de ellos sentado tomando sol en la puerta de su casa era yo un niño ignorante de su trabajo artístico. Tampoco tuve oportunidad de conocerlo personalmente o saludarlo. Solo lo veía cuando pasaba por el frente de su casa. Era entonces muy anciano. Al poco tiempo murió y recuerdo que en casa mi mamá comentaba que los hermanos Vargas los días de trabajo, subían y bajaban a pie, desde el Vallecito hasta su estudio en el Portal de San Agustín. Eran por todos conocidos.


Carlos y Miguel Vargas nacieron en Arequipa en 1885 y 1887, respectivamente. De modesto origen social, fueron grandes por su talento. Ellos mismos fabricaron su primera cámara fotográfica cuando todavía eran muy jóvenes; lo cual llamó la atención del reconocido fotógrafo Max T. Vargas, quien los convocó para trabajar con él, en su estudio de la calle Mercaderes. Bajo su dirección, Carlos y Miguel Vargas aprendieron la técnica de la fotografía. Gracias al esfuerzo de ambos, pronto se independizaron y, en 1912, abrieron su propio estudio fotográfico en el Portal de San Agustín. Se llamó Estudio de Arte Vargas Hermanos. Y en poco tiempo se convirtió en el lugar de visita obligado de artistas, intelectuales y políticos. Se vivió, por entonces, un notable movimiento cutural en la ciudad. El grupo "Aquelarre" que fundaron los poetas Percy Gibson y César "Atahualpa" Rodríguez fue para Arequipa lo que en Lima representó el grupo "Colónida" con Abraham Valdelomar. En consecuencia, fue el refugio del grupo Aquelarre, de los poetas José Santos Chocano, Martín Adán, César "Atahualpa" Rodríguez y Percy Gibson.

Los hermanos Vargas organizaron varias exposiciones fotográficas en su Estudio de Arte. Su prestigio iba en aumento y fueron invitados a participar con muestras fotográficas en Bolivia, Buenos Aires, Sevilla y los Estados Unidos. Su trabajo, por otro lado, mereció el reconocimiento de varias instituciones representativas de la ciudad, entre ellas del Municipio Provincial.

El archivo fotográfico de los hermanos Vargas, sin lugar a dudas, es la fuente gráfica más valiosa sobre la ciudad de Arequipa. En su momento, algunas de esas fotografías fueron publicadas en las revistas más importantes del país. Se mostraron igualmente en exposiciones fotográficas organizadas en Arequipa y en el extranjero. Su legado, después de morir ambos, permanece afortunadamente intacto. Y continúa como antes recorriendo el mundo, causando la admiración de propios y extraños.

Otro hecho histórico vinculado al Portal de San Agustín fue la fiesta que ofreció el comercio de la ciudad al Libertador Bolívar en junio de 1825. El banquete se realizó en los altos del portal que era, por entonces, de un solo piso. Cuenta Guillermo Zegarra Meneses que "no contándose con un local suficientemente amplio y adecuado, se escogió ese lugar por las apreciables condiciones que, por entonces, debió tener. Como no era posible usar la incómoda escalera, que partía de los pasadizos interiores, se preparó una especial, que arrancaba de la Plaza".
El día que se celebró la fiesta, multitud de gente se agrupó en la plaza para ver desfilar a los invitados. En el banquete, como precisó Zegarra Meneses, coincidieron los militares patriotas en repentino ascenso social y los miembros de la aristocracia local que, más por estrategia que por convicción personal, se sumaron al cortejo en honor a Bolívar. Cuenta la tradición que en aquella oportunidad una señora de la elite social molesta por los halagos que el libertador prodigaba a un grupo de señoritas de otro nivel social, le dijo a Bolívar: "Si sólo son mistura de corpus, mi general".


FUENTES:
Adelma Benavente y Peter Yenne. Estudio de Arte Vargas Hnos. Cerve- sur, 2004.
Guillermo ZEGARRA MENESES. Arequipa en el poso de 1o Colonia a la República. Visita de Bolívar. Segunda edición, 1973.




                         
  




Portal de Flores


Lleva el nombre del Alférez Real Manuel Flores del Campo, quien hizo construir el portal "a todo costo", según decir del cronista Juan Domingo Zamácola, citado por el historiador arequipeño Guillermo Galdos Rodríguez. También fue alcalde de Arequipa en 1780.

En uno de los tres portales de la Plaza Mayor de Arequipa se ubicó posiblemente una de las casonas más antiguas de la ciudad. Construida en el siglo XVII, perteneció sucesivamente a varios propietarios. Uno de ellos fue el teniente coronel Juan Flores del Campo, natural de la ciudad de Oviedo, Principado de Asturias. Su hijo Manuel Flores del Campo fue Alférez Real y ocupó el cargo de alcalde de Arequipa en 1780. Como tal tuvo importante actividad en la " Rebelión de los Pasquines" ocurrida ese año. Fue entonces que los comerciantes de la ciudad protestaron contra el alza de los impuestos y la creación de la aduana, que pretendía mejorar el sistema de recaudación fiscal. Fue básicamente una rebelión antifiscal que no cuestionó el orden colonial, entonces vigente, sino tan solo las reformas tributarias que fueron implementadas en Hispanoamérica, como consecuencia de las llamadas reformas borbónicas.


También participó en las ceremonias de proclamación y juramento de fidelidad al rey Carlos IV, el 2 de diciembre de 1789. El historiador arequipeño Guillermo Galdos Rodríguez, en su libro "La rebelión de los pasquines", dijo que a Manuel Flores del Campo, en su calidad de Alférez Real, "le correspondió sacar el pabellón carmesí del soberano, que hizo confeccionar con lujo; y, en su residencia se efectuaron tres históricos saraos, el último de los cuales terminó a las 2 y media de la mañana del día 6 del mismo mes y año".

Según Galdos Rodríguez, el Portal de Flores fue construido por el Alférez Real. De allí su nombre. Su padre Juan Flores del Campo fue uno de los propietarios de la casona ubicada en ese lugar. Éste la compró en 1781 de Melchora González de la Fuente y Barreda, única heredera de Pedro González de la Fuente y Manuela de Barreda. Su hermano Juan Mariano murió antes que ella. Años después, solicitó a la Real Justicia se le nombre patrona de la capellanía que fundaron en su casa. Convertida ahora en Sor Melchora Rosa del Costado de Cristo, por intermedio de su apoderado, tomó posesión de la propiedad el 29 de marzo de 1770.


La investigación del arquitecto René Muñiz, citada por el periodista Javier Valdivia Olaechea, refiere en base a documentación de la época que "en señal de posesión se paseó por dicha casa, abrió unas puertas, tiró piedras e hizo otros actos de posesión la que tomó quieta y pacíficamente sin contradicción de persona alguna". Pasó luego a ser propiedad de Juan Flores del Campo, un personaje de mucho poder económico en la ciudad.

Su fortuna incluía "una hacienda de obraje de cañaveral en Camaná con una cuadra trabajada en cantería, oficinas, galpones y casas de pailas con 4  trapiches corrientes al pie de ellas a la vista; 60 topos de caña madura y al costado de dicho cañaveral un olivar de más de 2, 000 pies de todo dar. Otra hacienda en la misma Villa de Bombón con la distancia de 12 cuadras del cañaveral que llevo mencionado, y en ella una casa edificada con sus corredores, su huerta de todos frutos y legumbres, con 160 topos de alfalfares nuevos, los más, y al costado de ellos más de 200 topos de tierras cultivadas que se hallan sembradas de maíz, frijoles, arroz y otras menestras. Para el trajín de dicha hacienda más de 70 muías con sus madrinas y aperos, 30 yuntas de bueyes mansos (...)". El dato corresponde al arquitecto René Muñiz, citado por Javier Valdivia Olaechea, en el artículo titulado "La casona desconocida", publicado en el desaparecido diario "Arequipa al Día".


Juan Flores del Campo casó con María Josefa Pérez Romero, en primeras nupcias. Fueron padres de Manuel Flores del Campo y Pérez. Este, a su vez, se casó el 8 de enero de 1785, con Petronila Tristán y Moscoso, hermana del general Pío Tristán y Moscoso.


Juan Flores del Campo se casó nuevamente con Gregoria Recabarren, con quien tuvo siete hijos. Su segunda esposa que le sobrevive, ocupó la casa entre 1806 y 1816. Luego que sus hijos del segundo matrimonio hicieran la partición de bienes, la casa Flores del Campo fue heredada por el doctor Gregorio Flores y Recabarren, quien recibió la herencia en 1863, tras la lectura del testamento de su madre. Y así sucesivamente fue pasando a los descendientes de aquél, hasta que en 1942 fue vendida a Rosa Tudela de Gerdt.


La fachada de la casa Flores del Campo quedaba frente a la Iglesia de la Compañía. Su interior era grande y espacioso. Aún se conserva una puerta lateral ubicada en el portal del mismo nombre.
Se afirma que el lugar donde se ubicaba la casa Flores del Campo perteneció al conquistador español Francisco Pizarro. Al respecto, Guillermo Galdos Rodríguez, en su libro "Una ciudad para la historia, una historia para la ciudad", menciona que en el reparto de solares de la ciudad, se otorgó una manzana al gobernador Francisco Pizarro. Según el mismo autor, no pudo ser la correspondiente al local del ayuntamiento ni tampoco al lugar destinado a la Catedral de Arequipa, menos el espacio que ocupó la orden de los agustinos. Por eliminación, Galdos Rodríguez deducía que la manzana corresponde a la que hoy se conoce como Portal de Flores.
En otro tiempo, se llamó del Regocijo, porque allí tenían lugar las actuaciones y celebraciones públicas. Más recientemente, los mítines y concentraciones políticas se realizaron frente a dicho portal.

Es necesario seguir trabajando en recuperar el centro histórico para convertir a la ciudad en un atractivo turístico, con sus monumentos, casonas, calles y plazas, dentro de una concepción integral de ciudad museo.


FUENTES:
Guillermo GALDOS RODRÍGUEZ. Una ciudad para la historia, una historia para la ciudad. Arequipa en el siglo XVI. Primera Edición, 1996 diciembre. Centro de ediciones - EDIUNSA. Del mismo autor. La rebelión de los pasquines. Un intento emancipador de Arequipa colonial (1780¡. Editorial Universitaria de Arequipa, 1967.
Santiago MARTÍNEZ. Alcaldes de Arequipa, desde 1539- 1946. Arequipa, 1° de febrero de 1946.
Javier VALDIVIA OLAECHEA. La casona desconocida. En: Arequipa al Día. Suplemento del 15 de agosto de 1997.